Sinfonía de colores fuertes.

Enfundado sin colores, negro.

Me encontré con sus mejillas, rojas.

A través de la noche, negra.

Caminamos bajo luces, rojas.

Llegamos a su habitación, negra.

Nuestra piel se coloreó, roja.

Me miraba a través de sus ojos, negros.

Y me besó con sus labios, rojos.

Ya la noche se había ido, negra.

Escapaba del sol, rojo.

Pintó mi cuerpo con sus dedos y acuarela, negra.

Se me aceleró la sangre, roja.

Las cosas van a terminar, negras…

Dijo que fuera yo mismo.

Pero ojalá supiera quién es aquél al que llama Cristian, pues éste se pone una máscara, olvidando que hay detrás, y cuando lo recuerda ya no sabe qué es cara y qué es máscara. Incluso he llegado a creer que la máscara le sirvió de molde y que la escencia se le ha ido a lugares donde la razón no llega, sin embargo, ella la puede ver. Y no entiendo por qué.