En el Estrecho de Mesina

Invisible adversario. Incorpóreo destino contrario, apuntas con consecuencias de suerte injusta. Destiñes colores, amargas dulces sabores. Hieres y atraviesas mis pasos con lanza emponzoñada. ¿Disfrutas mis humanos intentos? Tu juego conviertes en olimpiada, tus atletas, miles de férrea voluntad, marchitan en ecos de carcajadas. Montañas de vergüenza ¡A los caídos! Más no pase yo a engrosar sus filas. Pues aunque necesito descansar, temo no despertar si cierro los ojos, ya nublados de cristalina humanidad. Mis manos empuñan las armas, no los puedo secar. Mi cuerpo lamenta heridas que no puedo detenerme a sanar. ¿Qué me hará recobrar el aliento cuando, exhausto caiga mi escudo y me deba apoyar sobre la espada? Vendrá en ese momento la muerte con cantos de sirena. ¡Tentación! Volveré mi puñal contra mi corazón antes de que me conquistes.